Cierre Contable y Fiscal 2020

Ahora es el momento de estudiar y analizar el ejercicio 2020 para tener tiempo de considerar todos los acontecimientos y hechos que se han producido en esta año tan complicado y atípico. Prepararnos, especialmente, para el cálculo del impuesto sobre sociedades.

Para realizar correctamente el cierre fiscal 2020 es necesario primeramente hacer el cierre contable. Por ello, hay que tener una noción profunda tanto de las operaciones frecuentes del cierre como todas aquellas novedades que ha ido publicado el ICAC a lo largo de este año y además las repercusiones que ha podido tener en la empresa la crisis del Covid-19.

Las consecuencias tan graves que se están produciendo en el mundo debido a la pandemia de la Covid-19 obligó al Gobierno de España a decretar, a principios del año 2020, el estado de alarma, por lo que se produjo una paralización de las operaciones en todo el país y causó un efecto devastador en todos los sectores de la economía, poniendo en peligro la continuidad de muchas de las empresas, sin que las ayudas hayan podido mitigar, en su totalidad, la fuerte bajada de los ingresos.

Como en ejercicios previos, hay que analizar y revisar los criterios contables y las posibles diferencias (permanentes o temporarias) con los criterios fiscales de la normativa del Impuesto sobre Sociedades. Entre otros ajustes positivos, conviene revisar:

  • Gastos contables derivados de multas, sanciones, donaciones o donativos.
  • Gastos por el Impuesto sobre Sociedades.
  • Gastos por salarios u otros correspondientes al administrador cuyo cargo retribuido no figura en los estatutos de la sociedad.
  • Gastos por liberalidades y atenciones a clientes y proveedores que excedan del 1% del importe neto de la cifra de negocios.
  • Deterioros contables a excepción de los correspondientes a existencias e insolvencias de deudores, estos últimos si se cumplen ciertos requisitos sí serán deducibles.
  • Gastos derivados del exceso pagado con motivo de la extinción de una relación laboral o mercantil (que exceda de 1.000.000€ o del importe exento si es superior a esa cifra)
  • Provisión por devoluciones de ventas, excesos de amortizaciones o provisiones.
  • Imputación temporal de gastos e ingresos antes o después de su devengo si no lo permite la norma fiscal.
  • Gastos financieros no deducibles en grupos mercantiles y el exceso de gastos financieros sobre el límite del 30% del beneficio operativo si superan el 1.000.000 Euros
  •  etc.

 Y como ajustes negativos, hay que revisar:

  • La libertad de amortización, exceso de amortizaciones contabilizadas en ejercicios anteriores que no fueran deducibles en aquellos
  • Pérdidas por deterioro contabilizadas en ejercicios anteriores, que no se pudieran deducir, y que revierten en el ejercicio al ritmo de la amortización, porque se transmiten o porque se produce la pérdida definitiva.
  • Operaciones que tengan que valorarse a valor de mercado fiscalmente y no por contabilidad.
  • Operaciones con pago aplazado en el ejercicio en el que se produce la transmisión, dividendos y plusvalías exentas derivadas de participaciones en entidades residentes y no residentes.
  • Etc.

Además, y debido a la paralización de actividad, deberemos analizar de manera sistemática desde una perspectiva contable y fiscal aquellas operaciones de cierre de 2020 que tienen una especial incidencia debido a la crisis económica y sanitaria, como, por ejemplo:

  • Adaptación del gasto por amortización a la variación del funcionamiento o uso  de los activos, tras períodos de inactividad o menor actividad; y reconocimiento de los deterioros de inversiones inmobiliarias ante una eventual disminución de su ocupación. Recuerde que se podrán amortizar libremente los elementos nuevos del inmovilizado material cuyo valor unitario no exceda de 300 Euros, con un límite de 25.000 Euros por período impositivo. Si en su balance tiene algún elemento patrimonial usado, podrá amortizarlo aplicando el porcentaje máximo de tablas que le corresponda multiplicado por 2. El inmovilizado intangible con vida útil definida se amortizará fiscalmente atendiendo a su vida útil.
  • Perdidas de valor de las inversiones en acciones. Las acciones que una empresa haya comprado en la bolsa se contabilizan como instrumentos financieros, figurando en el activo del balance. Tanto si las acciones se compran con finalidad de permanencia, como si se adquieren con una finalidad especulativa, todas se valorarán por su valor razonable, es decir, por el precio pagado. Según normas del Plan General de Contabilidad, al menos al cierre del ejercicio, se deberán efectuar las correcciones valorativas necesarias siempre que exista evidencia objetiva de que el valor de un activo financiero disponible para la venta, se ha deteriorado como resultado de uno o más eventos que hayan ocurrido después de su reconocimiento inicial, y que ocasionen, en el caso de inversiones en instrumentos de patrimonio, la posibilidad de falta de recuperación del valor en libros del activo, evidenciada, por ejemplo, por un descenso prolongado o significativo en su valor razonable.
  • Revisión del valor de las existencias por posible descenso de su valor neto realizable. Cuando el valor neto realizable de las existencias sea inferior a su precio de adquisición o a su coste de producción, se efectuarán las oportunas correcciones valorativas reconociéndolas como un gasto en la cuenta de pérdidas y ganancias. En el caso de las materias primas y otras materias consumibles en el proceso de producción, no se realizará corrección valorativa siempre que se espere que los productos terminados a los que se incorporen sean vendidos por encima del coste. Cuando proceda realizar corrección valorativa, el precio de reposición de las materias primas y otras materias consumibles puede ser la mejor medida disponible de su valor neto realizable. Adicionalmente, los bienes o servicios que hubiesen sido objeto de un contrato de venta o de prestación de servicios en firme cuyo cumplimiento deba tener lugar posteriormente, no serán objeto de la corrección valorativa, a condición de que el precio de venta estipulado en dicho con trato cubra, como mínimo, el coste de tales bienes o servicios, más todos los costes pen dientes de realizar que sean necesarios para la ejecución del contrato.
  • Reconocimiento contable de la exoneración de cuotas a la Seguridad Social por trabajadores incluidos en ERTES como subvención, ante importes significativos, o menor gasto social, en otro caso. Recordemos que el tratamiento preferente que da el ICAC ante estas bonificaciones es el registro de las mismas como una subvención y registrarlas como un ingreso, a no ser que el importe en cuestión sea poco significativo en cuyo caso dicho importe puede minorar el gasto ocasionado en el subgrupo 64 por este concepto.
  • Dotación de provisiones ante el incumplimiento de mantenimiento del empleo impuesto por la normativa reguladora de los ERTES, considerando la no deducibilidad fiscal de la parte correspondiente a sanciones.
  • Derivado de situaciones de morosidad, reconocimiento de pérdidas por deterioro de créditos comerciales.
  • Reconocimiento y reajuste temporal de los ingresos o gastos derivados de contratos de arrendamiento inmobiliario en los que se hayan pactado moratorias, rebajas o condonaciones de renta. Hay que analizar las implicaciones contables y fiscales derivadas de una moratoria, así como de otro acuerdo o rebaja en la renta. El nuevo coste anual del arrendamiento -incluida la moratoria o rebaja de la renta- debe ser distribuido entre los meses pendientes para finalizar el contrato de arrendamiento, habiendo por lo tanto un devengo contable, de igual forma en estos meses, por la parte proporcional, aunque no se produzca el pago.
  • Registro de subvenciones de capital por el coste de los avales asumido por la entidad financiera o el ICO.
  • Reconocimiento de subvenciones corrientes por las ayudas autonómicas concedidas para cobertura de déficits de explotación.

Por último, debemos revisar las cifras de facturación por su repercusión en el cálculo del rendimiento neto de actividad económica en el IRPF, en el IVA para el SII o, en el ámbito del Impuesto sobre Sociedades, la posible aplicación del régimen especial de las entidades de reducida dimensión o si la disminución de la cifra de negocios implica pasar de hacer las declaraciones mensuales a trimestrales.

También, les aconsejamos no olvidarse de los “clásicos” de los últimos ejercicios, como los límites de compensación de bases imponibles negativas (BINS), deducciones fiscales, reservas de capitalización y de nivelación, test de deducibilidad fiscal de los deterioros de existencias y créditos comerciales. Y, si son aplicables,  las medidas aprobadas por el RD Ley 23/2020, de 23 de junio, sobre libertad de amortización e incremento de la deducción por innovación tecnológica para inversiones en automoción.